Papita pal loro: Argentina averguenza a Uruguay

Como en las últimas décadas la” desnutrida” Selección uruguaya volvió a caer en el clásico del Río de la Plata y dejó muy comprometido el futuro, habida cuenta de que en apenas tres días horas estará jugando en la altura de La Paz, donde siempre es difícil.
El gol de la “pulga” Messi cuando apenas iban 7 de juego, tras un centro de Riquelme desde la derecha, luego de haber tomado el balón de un “pase” de árbitro Amarilla (la pelota le rebotó en su cuerpo) fue un gol de esos de los que difícilmente se logra salir tan fácilmente, porque Argentina que venía bajo una lluvia de críticas, y con la cabeza de Basile pendiendo de un hilo, logró tranquilizarse.
Uruguay, llamativamente fue un caos defensivo, los argentinos llegaban por todos lados y la defensa, toda no daba pie con bola. Fueron momentos de total incertidumbre que Argentina supo aprovechar porque a los 13`otro descuido, un quedo total de la defensa celeste, propició que un remate de Cambiaos diera en el parante derecho de Castillo y rebotara al medio del área donde Aguero ingresaba como exhalación para darle duro y anotar el segundo gol ante la algarabía de los argentinos, que jamás pensaron que se le fuera a dar un partido tan fácil. Incluso después los charrúas apelaron a los golpes, fueron varios patadones, que el árbitro, -quizás con sentimiento de culpa por aquella jugada que terminó en gol local-, hizo la “vista gorda” y dejó que el juego se cortara más de lo que se jugaba.
Argentina también pegó duramente varias veces y el juego se hizo intenso y cortado, con más nervios que fútbol y en eso Uruguay fue el que sacó provecho porque le cortó el circuito de fútbol a Messi, Tevez y Agüero y fundamentalmente Riquelme
Uruguay no tenía peso ofensivo, porque Abreu no la tocaba y Cavan, que había ingresado por Fucile lesionado era solo voluntad y nada más.
El mediocampo celeste comenzó a tomar la pelota, Uruguay se animó un poco más, esporádicamente, pero intentó. Y en una de esas intentonas, una pelota que salió trabada por el costado fue aprovechada por Suárez que mandó un centro rasante para que Lugano, de atropellada mandara el balón al fondo del arco.
Después no se movió el marcador, pese a que Uruguay mejoró fundamentalmente en una actitud positiva para salir a buscar el empate. Paralelamente se dio el bajón estrepitoso de Argentina, que no jugó a nada, intercambiaron golpes, insultos, muchos reclamos al árbitro, pero de fútbol poco y nada.
Uruguay no pudo torcer la historia ni siquiera con el ingreso ofensivo de Bueno y Chevantón, que pusieron ganas y dieron mucho pero no alcanzó. Un paso atrás y cada vez más complicado.
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